Hesiodo y Euterpe.
Del Monte Helicón en la ladera,
donde Hélade se abre al horizonte
y la montaña se mira en el mar
y en él se baña, Hesiodo, apacentado
su rebaño, notaba la inquietud que le invadía
y no sabía el motivo de la espera.
Euterpe apareció de entre los árboles,
los ríos, las fuentes, los arroyos y las piedras.
Y sintió Hesiodo que el motivo de la espera,
era una diosa que le amaba.
Euterpe le abrazó con la mirada
y le prestó sus alas.
--Hombre eres tú y yo soy numen;
era yo a la que tu inquietud buscaba--.
Y se fundieron música y palabra.
Se poseyeron y de la unión surgieron
nuevos temblores en lo árboles,
nueva dimensión en las laderas,
nuevos rumores en las aguas,
nuevos colores en las piedras,
nuevo significado en las palabras.
Nació una nueva criatura:
inaprensible, fugaz, incontrolable,
inútil, falaz, imprevisible,
adorable, posesiva, despreciable,
hermosa, cruel, impenetrable,
enigmática, errática, magnética
pero al final de todo, imprescindible.
Y al no saber de qué modo llamarla,
convocaron a los dioses en concilio
y entre hombres y dioses decidieron
llamarle Poesía.
Octavio Fernández Zotes.
Últimos comentarios