| El Bellas Artes exhibe por primera vez en su historia una obra de Lucian Freud |
| EL MUSEO THYSSEN-BORNEMISZA LE HA CEDIDO 'REFLEJO CON DOS NIÑOS (AUTORRETRATO)'. El cuadro, uno de las primeros del autor, permanecerá expuesto hasta el próximo 10 de enero en la pinacoteca. |
| Concha Lago |
| BILBAO. El Museo de Bellas Artes de Bilbao exhibe por primera vez en su historia una obra de Lucian Freud, uno de los artistas vivos más importantes del arte contemporáneo y representante del expresionismo figurativo de la pintura británica del siglo XX. En la obra titulada Reflejo con dos niños (autorretrato), el nieto del psicoanalista Sigmun Freud, se representa a sí mismo acompañado de sus dos hijos Rose y Ali cuando eran pequeños. La conservadora del museo, Ana Sánchez Lasa, destacó ayer la magnífica oportunidad de ver una obra de Lucian Freud, habida cuenta de que la pinacoteca bilbaina nunca ha albergado un cuadro de este pintor, al que Javier Viar considera "una estrella singular". Reflejo con dos niños (autorretrato) es una de las primeras obras de su carrera, pintada en 1965 y propiedad del Museo Thyssen-Bornemisza que lo ha prestado a la pinacoteca bilbaína para que lo exponga hasta el próximo 10 de enero de 2010. Esta cesión se enmarca en el programa La obra invitada, con el que se pretenden exponer obras singulares de diversos museos o colecciones. El cuadro de Freud -nacido en 1922 en Berlín, desde donde se trasladó en 1933 a Londres, ciudad en la que ha vivido y desarrollado toda su carrera pictórica- es uno de sus primeros trabajos. "El cuadro, que demuestra ya su interés por el cuerpo humano, es un autorretrato para el que utilizó un espejo que coloca a la altura de sus pies", explicó ayer Ana Sánchez Lasa, quien definió al artista británico como "un prodigio de pintor". UN CONTRAPICADO En la composición, además de representar su cuerpo en un contrapicado con una posición forzada, el artista incluyó dos figuritas pequeñas en el ángulo inferior izquierdo, que son sus hijos Rose y Ali, nacidos de su relación con Suzy Boyt. La figura que retrata Freud es "de un realismo descarnado" para lo que utiliza una paleta en la que dominan los colores neutros. Sin embargo, Sánchez Lasa hizo hincapié en destacar la composición de su rostro, "realizado con brochazos de trazo grueso, muy cargados de pasta y con un colorido que sobresale sobre la tonalidad gris que envuelve el resto de la obra". Lasa indicó que el pintor se inspiró para realizar este cuadro en una ilustración de la tumba del enano Seneb y su familia, que aparecía en un manual de arte egipcio que Freud llevaba siempre consigo. Aludía al libro Geschichte Aegyuptens, de J.H. Breasted, su indispensable compañero durante toda su larga carrera de pintor. El interés de Lucian Freud por la representación del ser humano como una criatura atormentada se inscribe en el clima europeo de entreguerras y se refleja también en la pintura de otros artistas, como su gran amigo Francis Bacon. En este sentido, Sánchez Lasa hizo referencia a la gran amistad que le unía con Bacon y en el hecho de que en las dos obras que ahora el Bellas Artes exhibe juntas, aparezca un espejo. "Los dos se interesaron por el figurativismo y ambos se retrataron mutuamente", señaló. La conservadora del Museo Thyssen, Paloma Alarcó, asegura que la técnica utilizada en el autorretrato, de grandes y expresivos brochazos, "se puede comparar con los retratos de Frans Hals a quien el pintor consideraba un artista moderno debido a su tosquedad. No por casualidad, William Feaver definió a Freud como el "Hals de Paddington predispuesto a la espontaneidad". Freud se acerca, a juicio de Alarcó, "al modo en que el maestro holandés aplicaba las pinceladas de forma firme, con un pincel de cerdas rígidas, bien empapado de pintura, para acentuar la acción del artista en la cristalización del modelo sobre el lienzo", precisa la experta del Thyssen. Colocado junto a su amigo Francis Bacon El Museo bilbaino exhibe esta obra de Freud junto a otra del pintor inglés Francis Bacon titulada Figura tumbada en espejo, propiedad del museo bilbaíno. El emparejamiento no es casual y obedece a la gran amistad que, desde que se conocieron en 1945, hubo entre ambos y por el interés que tuvieron los dos artistas por retratar la figura del cuerpo humano. "El cuadro ha sido situado próximo a Bacon por su cercanía personal, estética y cultural. En alguna medida, ambos se hacen eco de un cierto expresionismo antropomorfo que tanto gusta a los ingleses", explicó Javier Viar, director del museo. Ambas obras fueron realizadas con apenas seis años de diferencia y al verlas juntas el espectador puede reflexionar sobre la soledad de la existencia contemporánea a través de dos visiones que comparten el recurso del espejo que refleja y deforma la realidad. En medio de los dos cuadros, se encuentra una escultura de Jacques Lipchitz. Viar encontró también un nexo de unión. "Hay muchas concordancias formales entre las obras y todos ellos tienen a Henry Moore como inevitable conexión", detalló el director del Museo de Bellas Artes. >C. LAGO EL MATIZ "En el cuadro, destaca el rostro de Freud con brochazos gruesos muy cargados de pasta" ANA SÁNCHEZ LASA Conservadora del Museo de Bellas Artes http://www.deia.com/es/impresa/2009/10/07/bizkaia/kultura/602233.php |






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